La mitad de las personas con incontinencia urinaria no acuden al especialista

La incontinencia urinaria es tan prevalente que, de hecho, una de cada cuatro mujeres mayores de 35 años y uno de cada cuatro hombres de más de 40 años sufren pérdidas de orina. Sin embargo, la mitad de ellos ni consulta ni busca ayuda.

La pérdida del control de la vejiga define a la incontinencia urinaria. Es un problema muy extendido que, a menudo, va ligado a la edad y al sexo. A medida que se envejece, los músculos de la vejiga y la uretra pierden fuerza. Las mujeres, además, tienen más probabilidades de sufrirla debido al embarazo, el parto, la menopausia y la anatomía femenina en general. No obstante, los hombres con problemas en la glándula prostática tienen un riesgo mayor de sufrir incontinencia urinaria de urgencia y por rebosamiento.

Según destaca el responsable de Urología Clínica Bilbao en la Clínica IMQ Zorrotzaurre, el Dr. Ander Astobieta, «se trata de una patología muy frecuente que afecta a la calidad de vida del paciente ya que no sólo tiene una repercusión física sino también emocional y social. A pesar de ello, y de que existen múltiples tratamientos, se trata de un problema oculto que se decide normalizar y asimilar por vergüenza en vez de consultar al especialista y ponerle solución».

Tipos de incontinencia

Existen diferentes tipos de incontinencia urinaria, siendo los más habituales la incontinencia de urgencia (o hiperactiva), la de esfuerzo y la mixta.

En el primer caso, la incontinencia urinaria de urgencia, se da una necesidad repentina e intensa de orinar, seguida de una pérdida involuntaria de orina. Puede deberse a una afección menor, como una infección, o a un trastorno más grave, como un trastorno neurológico o diabetes. Este problema puede solucionarse con tratamiento farmacológico, estimulación, rehabilitación e incluso mediante la aplicación de botox en la vejiga.

En cuanto a la incontinencia de esfuerzo, la orina se escapa cuando se ejerce presión sobre la vejiga al toser, estornudar, reír, hacer ejercicio o levantar un objeto pesado. Según detallan los especialistas de Urología Clínica Bilbao en la Clínica IMQ Zorrotzaurre, el tratamiento quirúrgico suele ser la opción más adecuada, aunque previamente se suele intentar solucionar el problema con rehabilitación del suelo pélvico.

Según señala el Dr. José Gregorio Pereira, especialista de Urología Clínica Bilbao, «debe realizarse un estudio de la vejiga para ver de qué tipo de incontinencia se trata y centrarse en el tratamiento más adecuado. Dependiendo del tipo de incontinencia, se puede tratar con ejercicios de rehabilitación, medicamentos y/o cirugía, siendo la más habitual la colocación de una malla. La mejor metodología de trabajo, es sin duda, un equipo multidisciplinar capaz de personalizar el tratamiento de cada paciente y combinar las diferentes técnicas siempre que así lo requiera la situación».

En cualquier caso, es importante, no dejar la visita al urólogo para cuando el problema se encuentra muy avanzado, ya que el resultado depende en gran medida del deterioro de los tejidos del paciente.

Prevención

La incontinencia urinaria no siempre puede prevenirse. No obstante, para disminuir el riesgo, puede resultar útil mantener un peso saludable; practicar ejercicios del suelo pélvico; evitar alimentos que irriten la vejiga, como la cafeína, el alcohol y los alimentos ácidos; ingerir más fibra, que puede prevenir el estreñimiento; o dejar de fumar.

Los doctores Astobieta y Pereira mencionan como métodos preventivos «el pilates y los hipopresivos; además de un buen soporte al parto. El tono del suelo pélvico que se consigue con ejercicio y rehabilitación resulta de ayuda para antes de la cirugía y puede incluso evitarla y prolongar la duración de los resultados».

En cuanto a los factores de riesgo que pueden aumentar la probabilidad de sufrir incontinencia, se pueden citar el embarazo y el parto, el propio proceso de envejecimiento, la menopausia en el caso de las mujeres, las cirugías previas de próstata o la hiperplasia benigna de ésta o un cáncer prostático no tratado, y la obstrucción debido a tumores en las vías urinarias o cálculos urinarios.

También es necesario tener en cuenta los trastornos neurológicos —como la esclerosis múltiple, la enfermedad de Parkinson, los accidentes cerebrovasculares o un tumor cerebral, el sobrepeso (aumenta la presión sobre la vejiga y los músculos circundantes), el tabaco, los antecedentes familiares y algunas enfermedades, como la diabetes.

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