Desmontamos el tabú de la infertilidad masculina

Hasta hace bien poco, cuando una pareja quería tener descendencia y no lo conseguía rápidamente, el problema se achacaba a la mujer. En algunas culturas, incluso hoy, la mujer puede ser abandonada o repudiada si no se queda embarazada. La fertilidad masculina (erróneamente identificada con la potencia sexual), apenas se cuestionan. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y cada vez se asume más que en las situaciones de infertilidad, los hombres tienen un peso tan importante como las mujeres.

Hay que ir rompiendo el tabú de la infertilidad masculina, pues es un tema que pocas veces se discute dentro de una pareja. Aún hay mucho desconocimiento sobre sus causas y sobre todo, sobre los métodos de ayuda. Muchas veces, el planteamiento de que un hombre es estéril es más cultural que médica. De hecho, ellos siguen siendo los mayores culpables a la hora de atajar esta afección, pues la mayoría de los hombres subestima el tema y no siente esa preocupación, al contrario de las mujeres, quienes crecen con la espada de Damocles de la edad y la fertilidad y están acostumbradas a expresiones como “se te pasa el arroz”.

La cuestión es que para que el problema de la infertilidad masculina se pueda abordar correctamente, estos tabúes deben ser atajados trabajando desde la información clara y la concienciación de la sociedad. La información revoca los miedos y las inseguridades y es necesaria en una sociedad donde las parejas se plantean tener hijos a edades cada vez más avanzadas. Aunque el hombre puede ser biológicamente fértil casi toda su vida (Anthony Queen y Charlie Chaplin tuvieron hijos después de cumplir 70 años), el tiempo sigue siendo un factor clave a la hora de combatir esta patología pues el fluido seminal se deteriora.

Causas de la infertilidad masculina

No siempre es posible identificar la causa de la infertilidad masculina, pero varios estudios han demostrado que la calidad del líquido seminal está empeorando progresivamente. Hace cincuenta años, la mayoría de los hombres de treinta años tenía alrededor de cien millones de espermatozoides por mililitro de líquido seminal; treinta años después, tan solo el veinte por ciento de los hombres de la misma edad tienen ese mismo recuento. Los cambios de hábitos, el estrés, la vida sedentaria, la contaminación ambiental y ciertos vicios (tabaco, drogas…) juegan un papel decisivo a la hora de reducir la producción de esperma sano.

Además del líquido seminal, los doctores diagnostican un examen urológico para buscar posibles problemas en las funciones del sistema genital. De hecho, estas pruebas de diagnóstico suelen ser muy rápidas y sencillas y los doctores prefieren descartar los problemas masculinos antes de abordar las pruebas de las mujeres pues son mucho más invasivas.

Los problemas más frecuentes son las infecciones del líquido seminal, los problemas hormonales y el varicocele (varices en las venas testiculares), pero cada caso hay que estudiarlo individualmente y no se puede generalizar. En otras ocasiones, no se puede determinar el origen de la infertilidad o tendrá un origen multifactorial, por lo que la causa determinará el tratamiento a seguir.

Problemas y soluciones

Disfunciones u obstrucciones que impiden la liberación de espermatozoides. En este caso, el problema es meramente físico y se puede deber a una infección, traumatismos o cirugías previas. Si la causa es una infección, generalmente se puede tratar con antibióticos. Si es un problema estructural puede ser necesario operar. En el caso de no existir la operación, se puede realizar una biopsia para extraer el esperma.

Baja producción de espermatozoides. Un laboratorio analizará una muestra del hombre en un análisis denominado espermiograma que determinará si la cantidad es adecuada o baja y si existen problemas de movilidad o alteraciones morfológicas de los espermatozoides (que tengan dos colas o dos cabezas, por ejemplo). En muchos casos, no se puede determinar la causa de este problema; en otros, disminuir el estrés o cambiar la dieta puede ser suficiente. En el caso de que la situación sea grave, se recomienda un tratamiento de reproducción llamado ICSI por el que se seleccionan y separan los espermatozoides de buena calidad y se fecunda el óvulo femenino en un laboratorio.

Enfermedades, tratamientos farmacológicos y otros problemas de salud. La fertilidad también se puede ver afectada por dolencias como una insuficiencia renal, diabetes o trastornos de la tiroides. Las varices en los testículos, las lesiones de la médula espinal o algunos tratamientos médicos como la quimioterapia también influyen. En estos casos, será el médico el que determine el tratamiento a seguir, con un porcentaje muy optimista de casos positivos.

Problemas hormonales. El dopaje o la insuficiencia de producción de algunas hormonas como la testosterona también puede causar problemas. En este caso, un especialista y un tratamiento hormonal de entre seis meses y un año corregirán la afección.

Estilo de vida. Como ya hemos dicho, el abuso del alcohol, el consumo excesivo de tabaco o cafeína, trabajar con productos químicos de origen industria (pesticidas, disolventes orgánicos, materiales de pintura…) pueden afectar a la fertilidad masculina. También son nocivos ciertos deportes intensos, las altas temperaturas, estar deprimido, estresado o vestir con ropa interior muy ajustada. En cualquier caso, será necesario realizar un estudio para evaluar el impacto de estos factores para mejorar la calidad o la producción del esperma.

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