Por qué es importante hablar de la disfunción eréctil

La salud sexual, tanto en hombres como en mujeres, sigue siendo un tema rodeado de mitos y prejuicios. En el caso masculino, la disfunción eréctil es uno de los ejemplos más claros: pese a su alta prevalencia, continúa envuelto en silencios incómodos.

Según datos del Hospital Clínic Barcelona, afecta aproximadamente al 20% de los hombres españoles mayores de 18 años. A partir de los 50, más de la mitad de la población masculina presenta algún grado de dificultad para lograr o mantener la erección. “A partir de una edad, es más infrecuente tener una erección perfecta que tener algún grado de disfunción eréctil. No expresarlo es negarse a la posibilidad de tratamiento y de poder disfrutar de una buena vida sexual”, señala el Dr. Josep Torremadé, urólogo del Hospital Clínic Barcelona.

Pero, ¿por qué a tantos hombres les cuesta hablar de la disfunción eréctil o pedir ayuda cuando algo no va bien? Más que un obstáculo estrictamente médico, la cuestión tiene un fuerte componente cultural: durante siglos, la virilidad se ha asociado al rendimiento sexual como un tándem casi inseparable. Esta idea ha reforzado la percepción de que cualquier dificultad en este ámbito implica una pérdida de masculinidad. Como consecuencia, muchos hombres evitan abordar abiertamente su salud sexual por vergüenza o miedo al juicio.

Por otro lado, existe una tendencia social a exagerar el rendimiento sexual y, al mismo tiempo, ocultar los problemas o vulnerabilidades en este ámbito. Esto ha generado una percepción distorsionada de la normalidad y ha reforzado tabúes que acaban condicionando a los pacientes, hasta el punto de retrasar la visita al especialista, en ocasiones durante años.

Más allá de la importancia de poder hablar de la salud –sexual o no– de forma abierta, ya sea para preguntar, aprender o no sentirse solo, ocultar problemas como la disfunción eréctil puede tener consecuencias relevantes, ya que en algunos casos actúa como señal de otras patologías.

Por ejemplo, la disfunción eréctil puede ser un indicador precoz de problemas de salud cardiovascular. Las arterias del pene son más pequeñas que las coronarias, por lo que los problemas de erección pueden aparecer antes que los síntomas cardíacos, lo que ofrece una ventana de entre dos y cinco años para detectar y tratar enfermedades cardiovasculares antes de un posible infarto o ictus.

Otra situación común es la disfunción eréctil después de superar un cáncer de próstata y sus tratamientos. Algunas intervenciones, como la cirugía radical, pueden provocar secuelas como incontinencia urinaria y disfunción eréctil, e incluso la pérdida de la eyaculación. Sin embargo, esto no implica necesariamente el fin de la vida sexual: con atención médica y una adecuada adaptación, existen alternativas para recuperar la intimidad y disfrutar de una sexualidad satisfactoria.

En la actualidad, existen distintos tratamientos para abordar la disfunción eréctil. Cuando los cambios de hábitos y los fármacos orales no son suficientes, se puede recurrir a otras opciones terapéuticas, como las inyecciones intracavernosas, los dispositivos de vacío o, en los casos más graves, la prótesis de pene.

Las prótesis modernas son sistemas hidráulicos que quedan totalmente ocultos dentro del cuerpo. Permiten conseguir una erección cuando el paciente lo desea, mantenerla el tiempo necesario y volver posteriormente a la flacidez, sin alterar la sensibilidad ni la capacidad de orgasmo. “Desde fuera nadie percibe que tienes una prótesis. Muchas veces ni los propios profesionales sanitarios detectan que llevas una si el paciente no se lo explica”, explica el doctor Torremadé.

En cualquier caso, el primer paso para iniciar cualquier tratamiento es verbalizar el problema y poder hablar de él tanto con la pareja o el entorno cercano como con un profesional sanitario. De ahí la importancia de romper el tabú que aún rodea a la disfunción eréctil y avanzar hacia una normalización de la salud sexual como parte de la conversación cotidiana.

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