Piso pélvico: lo que te pasa al reír o toser que no es normal

Reír, toser, hacer ejercicio y que se escape un poco de orina, no es un detalle menor ni algo que “toca” con el tiempo, pero sí es una señal clara del cuerpo.

La incontinencia urinaria- definida como cualquier pérdida involuntaria de orina-, desde una gota hasta un chorro, afecta a millones de personas, pero está rodeada de silencio y tabú. Sin embargo, en México, 1 de cada 3 mujeres presenta algún grado de este problema, y la cifra aumenta con la edad: a partir de los 50 o 60 años, puede alcanzar a 1 de cada 2 personas.

“La incontinencia urinaria es cualquier fuga que ocurre cuando no queremos que suceda y que nos genera incomodidad”, de acuerdo con la Dra. Sandra Xochiquetzal Cruz Ordóñez, uróloga. A pesar de su frecuencia, muchas personas la normalizan o evitan hablar del tema.

El salida que se minimiza

Uno de los tipos más comunes es la incontinencia por esfuerzo, que aparece cuando actividades cotidianas como reír, toser, estornudar, inclinarse o cargar peso ejercen presión sobre la vejiga y provocan fugas.

También existe la incontinencia por urgencia, caracterizada por una necesidad repentina e incontrolable de orinar que puede terminar en escape antes de llegar al baño. Incluso, ambas pueden presentarse al mismo tiempo.

Aunque no siempre ocurre en cada situación, cualquier actividad que aumente la presión abdominal puede detonar las fugas, sobre todo si la vejiga está llena.

Y contrario a lo que se cree, no es solo un tema de envejecimiento, porque si bien con los años el cuerpo pierde masa muscular —incluido el piso pélvico, hay múltiples factores que influyen: embarazo, partos, cambios hormonales, estreñimiento crónico, sobrepeso o hábitos cotidianos.

Entre ellos, uno de los más comunes es aguantarse las ganas de ir al baño y este hábito, frecuente por trabajo, tráfico o rutina, puede provocar una sobredistensión de la vejiga y generar daño a largo plazo; también influyen prácticas como no sentarse en baños públicos —lo que impide vaciar completamente la vejiga— o el consumo constante de irritantes vesicales como café, té o bebidas con cafeína.

En el centro del problema está el piso pélvico, un conjunto de músculos y tejidos que sostienen órganos como la vejiga, el útero y el recto. Su debilitamiento no solo favorece la incontinencia urinaria, sino también otros problemas como incontinencia de gases o fecal, e incluso el prolapso.

Con el paso del tiempo, el cuerpo pierde masa muscular de forma natural, pero eso no significa que la incontinencia sea inevitable. Fortalecer estos músculos permite prevenir o disminuir las pérdidas a lo largo de la vida.

Hoy existen tratamientos, rehabilitación y ejercicios específicos, como los de Kegel, que ayudan a fortalecer el piso pélvico y recuperar el control, sin necesidad de recurrir, en la mayoría de los casos, a cirugía.

Aguantarse, adaptarse o resignarse no es la solución. La incontinencia urinaria no es simplemente “parte de la edad”, ni algo que deba vivirse en silencio.

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