Análisis del PSA: qué es y para qué sirve

El origen de estos problemas de la próstata puede ser diverso, no siempre tiene por qué tratarse de cáncer. El diagnóstico precoz es vital para ganar calidad de vida y tiempo al problema. A día de hoy, existen dos pruebas principales para el diagnóstico específico del cáncer de próstata: el tacto rectal y el antígeno prostático específico en sangre o PSA. Hoy vamos a explicar qué es el análisis del PSA y para qué sirve, cuándo se recomienda o cómo interpretar los resultados.

El cáncer de próstata, según datos del Observatorio del Cáncer de la AECC, es el cáncer más frecuente en hombres y el tercero en mortalidad. La próstata es una glándula masculina ubicada debajo de vejiga. En su estado normal tiene el tamaño de una nuez. ¿Para qué sirve la próstata? Junto con los testículos y las vesículas seminales son los encargados de producir el semen.

Esta glándula puede enfermar y provocar un aumento excesivo en su tamaño, provocando en el hombre diversos trastornos urinarios (dificultar para la micción, incontinencia urinaria, mayor frecuencia de deseo de miccionar, mayor apremio, entre otros).

Qué es y para qué sirve

Pero, ¿qué es exactamente el PSA? El antígeno prostático específico o antígeno P30 (también recibe otros nombres científicos como calicreína III, seminina, semenogelasa, γ seminoproteina) es un tipo de glucoproteína que solo puede sintetizar la próstata. ¿Y para qué sirve? Su función es disolver el coágulo seminal.

En este proceso, una minúscula parte de la proteína puede llegar a la sangre. Si aumenta el tamaño de la glándula prostática, se incrementa también la producción de esta proteína y, por tanto, aumenta la presencia de ésta en la sangre. De ahí que se utilice el análisis del PSA como uno de los biomarcadores más importantes del cáncer de próstata.

Es importante que el lector tenga claro que el PSA es una proteína específica de la próstata y no una proteína que provoca el cáncer. La próstata siempre produce PSA, solo que el incremento de esta sin una explicación controlada puede dar al urólogo, un primer indicio de la presencia del cáncer de próstata. De hecho, no todos los aumentos de producción proteica implican una disfunción cancerígena en la glándula.

Así, cuando se realiza ejercicio intenso, especialmente ciclismo, es posible una mayor presencia en sangre de la molécula; igual ocurre con el momento después de la eyaculación, o cuando se ha extraído parte del tejido o las mucosas para realizar una biopsia. Incluso si te han metido una sonda urinaria es posible que tu organismo reaccione aumentando el PSA.

Análisis PSA para otras enfermedades de la próstata

Además del cáncer de próstata, la presencia de PSA elevado en la sangre del paciente puede ser sintomático de otro tipo de patologías como procesos benignos, la prostatitis o inflamación de la próstata o la hiperplasia benigna de la próstata, que es el agrandamiento de la misma natural por el paso de los años.

También en los casos de infección en el tracto urinario se puede registrar un incremento sustancial de la presencia del PSA en la sangre.

Cómo se hace un PSA

En el momento de la consulta para hacer un análisis de PSA o antígeno específico de la próstata, el médico te hará primero una serie de preguntas orientadas a conocer más tu situación urológica, poniendo especial hincapié en cómo se orina. Es posible que en esa misma cita se acuerde con el paciente realizar un tacto rectal para confirmar las posibles sospechas de presencia de una disfunción, cancerígena o no.

Los días previos a la analítica de PSA es importante no realizar ningún ejercicio físico intenso que pueda afectar a los datos PSA en sangre (hacer 60 kilómetros en bici, por ejemplo). Si el tacto rectal ha ocurrido después de la consulta y antes de la prueba analítica, se debe avisar al facultativo, pues puede haber datos invalidados.

¿Tengo que acudir en ayunas? En este sentido, la rutina es la misma que en cualquier otro tipo de analítica.

Riesgos y limitaciones del análisis PSA para la detección precoz del cáncer de próstata

A pesar de que se ha tomado como referencia en los últimos 20 años para la detección precoz del cáncer de próstata, el debate sobre su utilidad y prevalencia sigue vivo. Y es que la prueba de PSA presenta un alto índice de falsos positivos y falsos negativos que afectan a su fiabilidad. De ahí que casi siempre se utilice de forma conjunta con la prueba del tacto rectal, más incómoda pero más fiable.

Cada vez son más los especialistas que reniegan de este tipo de análisis diagnóstico cuando se trata de pacientes que no presentan síntomas ni tienen antecedentes con la enfermedad. Es más, se han registrado casos de hombres con cáncer de próstata cuyos niveles de PSA en sangre son normales.

Cuándo hacer un PSA

Así pues, ¿cuándo es aconsejable someterse al análisis de PSA? En lo que sí coincide la comunidad científica es en recomendar primero el tacto rectal y después la prueba PSA cuando se tiene en contra factores de riesgo de cáncer de próstata como tener antecedentes familiares, ser negro o afroamericano o tener más de 50 años. También se recomienda cuando se perciben molestias al orinar, se incrementa la frecuencia y la intensidad con la que tiene que acudir a orinar. Síntomas menos comunes son el dolor de espalda o molestias agudas en la pelvis.

Asimismo, los análisis PSA se utilizan también para controlar el efecto del tratamiento contra el cáncer de próstata.

Si se ha sometido a un tacto rectal y este ha arrojado como resultado la presencia de zonas duras, o un tamaño considerable. Si ya se ha confirmado mediante biopsia la presencia de elementos cancerígenos, las pruebas PSA permiten conocer si existen ramificaciones, e incluso como control de posibles rebrotes.

Cómo interpretar los resultados

Los resultados de los análisis de PSA no son inmediatos. Puede, incluso, tardar varias semanas. ¿Cuáles son los resultados que puede arrojar esta prueba? Recuerda que los niveles de PSA en sangre por encima de la media puede o no indicar cáncer.

En función de la edad, se han establecido unos valores considerados y consensuados como normales o estandarizados o y otros en los extremos.

Así cuando los niveles de PSA en sangre están por debajo de los 4 ng/mL en sangre, se considera que no existe una alteración en la glándula. Ojo, no significa que se descarte por completo la presencia de elementos cancerígenos.

Cuando el PSA sobrepasa los 10 ng/mL se comienzan a encender las alarmas, sobre todo si no existen ninguna actividad por parte del paciente que pueda haber alterado los resultados.

El mayor problema reside precisamente en la franja que va a cada uno de los extremos: no es concluyente, pero indica que hay algo activando el crecimiento de la glándula.

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