¿Afecciones al testículo de nacimiento? ¡Cuidado con el cáncer!

El factor de riesgo más común —aunque no exclusivo— para padecer cáncer de testículo son las afecciones congénitas de esa zona, como la criptorquidia, que es cuando uno o ambos testículos no bajan al escroto antes del nacimiento, explica a Selecciones José Gustavo Sánchez Turati, miembros del cuerpo médico del Centro Médico ABC con especialidad en uroncología.

“Un testículo no descendido se relaciona con cáncer; existen diversas teorías, pero se cree que los testículos tienen un defecto en su formación, así que desde la concepción existe un daño que puede terminar en cáncer” puntualiza en entrevista.

El cáncer de testículo tiene su origen en las células germinales, que son las que dan origen a los espermatozoides. Aunque también existe el cáncer de testículo de células no germinales, es muy poco frecuente.

Este tipo de cáncer es el más frecuente entre los hombres jóvenes en edad reproductiva. El 95 por ciento de los casos se presenta en hombres jóvenes, aunque existen dos picos a lo largo de la vida: la juventud y después de los 70 años.

El 6 por ciento de los pacientes jóvenes con este tipo de cáncer son niños, y el resto son varones entre los 25 y 35 años o entre los 24 y 34 años, según la fuente consultada.

El cáncer de testículo se divide en dos: seminoma y no seminona (que también es de las células germinales). El seminoma es el de mejor pronóstico y el que más probabilidades tiene de ser erradicado con ayuda de infinidad de tratamientos. Es tan poco agresivo que, en ciertos casos, el paciente puede estar en vigilancia sin necesidad de ningún tratamiento.

“El cáncer de seminoma es el prototipo del cáncer que es más fácil de controlar sin importar que haya metástasis” puntualiza Sánchez Turati. El especialista resalta que el cáncer seminoma puede dejar de serlo y convertirse en no seminoma, lo que podría complicar la situación del paciente.

El cáncer no seminoma —del cual existen cuatro variantes— por lo regular aparece de forma más tardía que el seminoma. Algunas de esas variantes pueden responder con mayor dificultad a la quimioterapia y por lo general ninguna cede a las radioterapias. “En el cáncer no seminoma sí hay tumores de crecimiento más rápido que hacen metástasis a otros sitios con mayor velocidad y amplitud, así que los varones podrían morir”.

Al alza

En los últimos 50 años se ha observado que la prevalencia de este tipo de cáncer ha aumentado. El 60 por ciento de los hombres con esta neoplasia vive en países desarrollados.

La aparición de este cáncer es multifactorial, pero lo primero y más importante son las afecciones al testículo de nacimiento, así que aunque posteriormente el médico baje ese testículo, el peligro no desaparece.

Otros factores de riesgo son la herencia y el VIH. “Si tienes un papá o un hermano con cáncer aumenta el riesgo, se sabe que el 3 por ciento lo puede heredar”. Las personas con VIH tienen que mantener una estrecha vigilancia.

Quienes tuvieron cáncer en un testículo también están en riesgo. “En el otro testículo también podría desarrollarse el cáncer, sobre todo si tienen entre 20 y 34 años y si son de raza blanca, pues se sabe que, por genética, tiene cinco veces más riesgo” explica el urólogo.

La importancia de la autoexploración

Aunque los síntomas se presentan en etapas avanzadas, el primer foco rojo es una bolita dura. “Si duele no siempre es cáncer; la única sensación es que pesa más, así que si el testículo se siente pesado se debe acudir al médico”.

La mayoría de los médicos concuerda en que el examen de los testículos debería formar parte de un examen físico general. La Sociedad Americana contra el Cáncer recomienda que se incluya esa práctica como parte de las pruebas rutinarias de detección del cáncer.

A diferencia de la exploración mamaria, la mayoría de los hombres desconoce que deben tocarse periódicamente después de la pubertad. “A los varones se les pide que cada mes tiren hacia debajo de los testículos y palpen si existen zonas duras, irregulares o crecimientos anormales. En la adolescencia es normal el crecimiento, pero si es disparejo algo anda mal”.

Los síntomas claros de un cáncer de testículo avanzado son:

  • Dolor de espalda baja por cáncer en los ganglios linfáticos que afectan a la columna
  • Dificultad para respirar
  • Dolor en el pecho y/o tos (metástasis)
  • Dolor en el vientre (distensión o protuberancias que indican que al cáncer ya alcanzó algún ganglio y hay obstrucción intestinal)
  • Dolores de cabeza o confusión (significa que ya hay metástasis en el cerebro
  • Crecimiento o irritación de los pechos (algunos tumores producen hormonas, así que se eleva la cantidad de estrógenos)

José Gustavo Sánchez Turati recalca la importancia de la autoexploración porque en el caso del cáncer de testículo no hay prevención, sino diagnóstico temprano. “El único factor de prevención es que la madre no use estrógenos durante el embarazo, los demás factores no se pueden prevenir”.

¿Qué esperar?

De entrada el médico tratante debe sugerirle al paciente que si desea tener hijos necesitará congelar semen, pues se ha visto que los hombres con este cáncer también tienen problemas en la producción de espermatozoides, además de que la fertilidad puede verse afectada tras el tratamiento.

Cuando se atiende un tumor maligno se practica una cirugía mediante la cual se retira el testículo enfermo; luego se procede a la realización de estudios que determinen en qué etapa está el cáncer.

Las etapas son:

  • Localizado. Aún no sale del testículo. En esta fase la supervivencia a cinco años es del 99 por ciento.
  • Regional. Significa que existe enfermedad en los ganglios a los que drena el testículo, ubicados a la altura de los riñones. En esta fase la supervivencia a cinco años es del 96 por ciento.
  • A distancia. Ya está sembrado en otros órganos como hígado, riñón cerebro y cada una tendrá una supervivencia diferente. En esta fase la supervivencia a cinco años es del 74 por ciento.

Si el cáncer está localizado y los marcadores tumorales no están elevados el paciente puede ser vigilado una vez que se le retira el testículo. “Si es seminoma podrían darse dosis bajas de radiación o uno o dos ciclos de quimioterapia y así aumentar la posibilidad de curación”.

Sánchez Turati invita a los pacientes que se hayan en esa fase a que no descuiden la vigilancia. “Deben comprometerse durante los primeros cinco años. El primero acudirán al médico cada tres meses, en los dos siguientes cada seis meses y de ahí en adelante cada 12 meses”.

Los estudios de vigilancia son exámenes de sangre y radiografías. Si el cáncer regresa y es tipo seminoma se realizan exámenes de imagen y puede ser tratado por mediante quimioterapia o una cirugía en el lugar en donde reapareció, así como radioterapia.

Si no es seminoma y está localizado la recurrencia se trata con cirugía y posteriormente con quimioterapia.

El uroncólogo atribuye el aumento en el número de diagnósticos a una mayor conciencia de salud y a una mejor información. Pero a pesar de ello en América Latina el 60 por ciento de los casos de cáncer de testículo llega en etapas tardías.

Sánchez Turati considera que quienes están en menos peligro son los adultos que de niños padecieron problemas testiculares, pues suelen ser más conscientes de la vigilancia periódica, así que el grupo más vulnerable es de los varones que no tuvieron problemas de esa índole en la niñez ni parientes con ese tipo de cáncer.

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