Infecciones urinarias: un problema de salud pública en México

Aunque suelen percibirse como enfermedades menores, algunas pueden extenderse hacia los riñones y ocasionar complicaciones. Sin embargo, la mayoría de las infecciones de vejiga diagnosticadas y tratadas oportunamente se resuelven sin consecuencias graves, explica el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales de Estados Unidos (NIDDK).

En entrevista para UNAM Global, Víctor Gómez Bocanegra, del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina de la UNAM, abordó las causas, los síntomas y los factores de riesgo de estas infecciones.

Principales bacterias y síntomas

La mayoría de las IVU son causadas por bacterias, principalmente Escherichia coli. Esta bacteria habita normalmente en el intestino, pero puede ingresar por la uretra y multiplicarse en la vejiga. No es preciso atribuirle un mismo porcentaje en todos los pacientes, pues su frecuencia varía según el tipo de infección y el contexto en que se adquiere.

Los síntomas más comunes de una infección de vejiga, llamada cistitis, son ardor al orinar, necesidad de hacerlo con mayor frecuencia, urgencia para ir al baño y molestias en la parte baja del abdomen. También puede aparecer sangre en la orina.

La presencia de fiebre, escalofríos, dolor en un costado o en la espalda, náuseas o vómitos puede indicar una infección renal y requiere atención médica pronta, de acuerdo con la información del NIDDK sobre síntomas de infección urinaria.

“Si hay infecciones recurrentes o no se atienden adecuadamente, la bacteria puede ascender hacia los riñones y causar pielonefritis”, explicó Gómez Bocanegra.

Esto puede ocurrir incluso en un primer episodio. A su vez, presentar cistitis repetidas no significa necesariamente que exista daño renal. La pielonefritis puede ocasionar complicaciones como sepsis o lesiones en el riñón, aunque estas son poco frecuentes cuando se recibe tratamiento oportuno.

¿Cómo se clasifican?

La clasificación permite orientar la atención. Las guías de la Asociación Europea de Urología de 2026 distinguen entre:

  • Infecciones localizadas: como la cistitis, con síntomas urinarios sin manifestaciones de infección sistémica.
  • Infecciones sistémicas: como la pielonefritis, que pueden acompañarse de fiebre, escalofríos o afectación del estado general.

En ambos grupos se valoran factores que pueden dificultar la recuperación, como obstrucciones urinarias, cálculos, sondas, alteraciones anatómicas o determinadas enfermedades. Por ello, describir una cistitis como “fácil de tratar” resulta demasiado general.

Factores de riesgo y poblaciones vulnerables

Las mujeres presentan infecciones urinarias con mayor frecuencia debido, entre otros factores, a que su uretra es más corta y está cerca del ano, lo que facilita la entrada de bacterias.

La actividad sexual también puede favorecer el desplazamiento de bacterias hacia la uretra. Esto no significa que la cistitis habitual sea una infección de transmisión sexual.

Entre los anticonceptivos, el riesgo se relaciona especialmente con los espermicidas y los diafragmas. No corresponde extender esa afirmación a todos los anticonceptivos hormonales. Estos factores están descritos en la información clínica del NIDDK.

Después de la menopausia, la disminución de estrógenos modifica los tejidos y la microbiota vaginal, lo que puede favorecer nuevos episodios. En mujeres con infecciones recurrentes, el personal médico puede valorar el uso de estrógenos vaginales como medida preventiva.

También requieren especial atención las personas embarazadas, con diabetes, inmunosupresión o dificultades para vaciar la vejiga.

Bacterias en la orina: no siempre requieren antibióticos

La presencia de bacterias en la orina sin síntomas se conoce como bacteriuria asintomática y no equivale, por sí sola, a una infección que deba tratarse.

Según las guías de la Sociedad Estadounidense de Enfermedades Infecciosas, generalmente no se recomienda buscarla ni tratarla en personas sin síntomas, incluidas aquellas con diabetes.

El embarazo constituye una excepción: se recomienda detectarla mediante urocultivo y tratarla cuando se confirma, principalmente para reducir el riesgo de pielonefritis. Otra excepción son determinados procedimientos urológicos que pueden lesionar la mucosa.

Consejos para reducir el riesgo

Algunas medidas pueden ayudar, aunque ninguna garantiza evitar todas las infecciones:

  • Mantener una hidratación adecuada. Quienes tienen restricciones de líquidos por enfermedad renal o cardiaca deben seguir las indicaciones de su médico.
  • Evitar posponer habitualmente la micción.
  • Mantener una higiene suave y evitar duchas vaginales o productos irritantes.
  • Consultar sobre alternativas a los espermicidas si las infecciones se repiten.

Orinar después de las relaciones sexuales es una recomendación frecuente, pero la evidencia de que prevenga las recurrencias es limitada. Tampoco debe presentarse el cambio de ropa interior como una medida de eficacia demostrada. Las guías sobre infecciones urinarias recurrentes revisan estas limitaciones.

Los productos de arándano rojo pueden ayudar a prevenir algunos episodios en mujeres con infecciones recurrentes, aunque los resultados varían según la preparación. No sustituyen la atención de una infección activa.

En cuanto a la D-manosa, un ensayo clínico publicado en JAMA Internal Medicine, con 598 mujeres, no encontró un beneficio significativo frente a placebo para prevenir nuevos episodios atendidos en consulta. No debe presentarse como una opción de eficacia comprobada.

Diagnóstico y uso responsable de antibióticos

El diagnóstico considera los síntomas y los antecedentes de cada persona. Según el caso, puede requerirse un examen de orina o un urocultivo, que permite identificar la bacteria y orientar la elección del antibiótico.

El tratamiento depende del sitio y la gravedad de la infección, así como de las condiciones del paciente. Deben respetarse la dosis y la duración prescritas y consultar antes de modificarlas, como señala el NIDDK.

La resistencia antimicrobiana no se explica únicamente por suspender un tratamiento antes de tiempo. El uso innecesario o inadecuado de antibióticos, incluidos tratamientos excesivamente prolongados, también favorece la selección de bacterias resistentes. Las guías europeas recomiendan ajustar el tratamiento a cada caso y evitar prescripciones innecesarias.

Educación para prevenir y atender las IVU

Las infecciones urinarias son frecuentes y tratables, pero necesitan una atención acorde con sus síntomas y factores de riesgo. Reconocer las señales de alarma, evitar la automedicación y consultar cuando los episodios se repiten permite reducir complicaciones y recibir un tratamiento adecuado.

La información clara y accesible ayuda a distinguir entre medidas útiles, recomendaciones con evidencia limitada y situaciones que requieren atención médica.

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