Una dieta poco saludable puede agravar los efectos de algunas causas genéticas de infertilidad masculina, según una investigación de la Universidad de Melbourne (Australia) realizada en ratones que podría ayudar a explicar por qué hombres con mutaciones genéticas similares presentan distintos grados de afectación de la fertilidad.
El estudio ha sido publicado en ‘Human Reproduction’ y dirigido por la doctora Jessica Dunleavy y el profesor Moira O’Bryan, investigadores de la Escuela de Biociencias de la Universidad de Melbourne. El trabajo utilizó un modelo de ratón con alteraciones en un gen denominado M1AP. Las mutaciones en este gen son una causa relativamente frecuente de infertilidad masculina en humanos, aunque no todos los hombres se ven afectados por igual.
Los investigadores estudiaron si las consecuencias de la alteración genética podían agravarse cuando los ratones seguían una dieta occidental poco saludable, rica en grasas y azúcares.
El equipo constató que tanto la alteración genética como la dieta occidental reducían la fertilidad de forma independiente. Sin embargo, cuando ambos factores se combinaban, los resultados reproductivos eran considerablemente peores que cuando solo estaba presente uno de ellos.
En concreto, los ratones expuestos tanto al factor genético como al ambiental tuvieron menos crías y produjeron espermatozoides de menor calidad que aquellos sometidos únicamente a la alteración genética o a la dieta.
Los investigadores señalan que este estudio, considerado una prueba de concepto, aporta evidencias de que algunos casos de infertilidad masculina podrían deberse a una combinación de factores genéticos y relacionados con el estilo de vida, en lugar de actuar estos de forma aislada. En algunos casos, esta combinación podría hacer que la fertilidad se situara por debajo del umbral necesario para lograr una concepción natural.
LAS VARIANTES DE M1AP ESTÁN DETRÁS DE LA INFERTILIDAD
Las variantes de M1AP (o mutaciones) se encuentran entre las causas genéticas más conocidas de infertilidad masculina, pero no todos los hombres presentan el mismo grado de afectación.
Los hombres portadores de variantes perjudiciales en este gen presentan un amplio espectro de problemas de fertilidad, desde recuentos de espermatozoides muy bajos hasta la ausencia completa de espermatozoides. Las razones de esta variabilidad no se conocen por completo, pero estos nuevos resultados podrían aportar información para comprenderla mejor.
«Nuestro estudio sugiere que factores ambientales o relacionados con el estilo de vida, como la dieta, pueden contribuir a explicar esas diferencias en la gravedad de la enfermedad», ha señalado la doctora Dunleavy.
«Aunque la genética puede establecer un nivel de fertilidad reducido y una predisposición a la infertilidad, es probable que los factores relacionados con el estilo de vida influyan en la gravedad de la infertilidad y, en última instancia, en la capacidad de tener hijos. Si esto se confirma, creemos que mejorar la dieta o las exposiciones ambientales podría mejorar la fertilidad», ha añadido la autora.
Los investigadores consideran que podría darse una situación similar con muchos otros genes que intervienen en la infertilidad masculina.
Los autores subrayan que el estudio se realizó en ratones y que serán necesarias nuevas investigaciones para determinar si se producen interacciones similares en humanos. No obstante, el trabajo constituye una base importante para futuras investigaciones sobre cómo los factores relacionados con el estilo de vida contribuyen a la infertilidad y sobre si determinadas intervenciones podrían mejorar los resultados reproductivos en hombres con una predisposición genética a la infertilidad.
«Nuestros resultados ponen de relieve la importancia de tener en cuenta tanto los factores genéticos como los relacionados con el estilo de vida al investigar las causas de la infertilidad masculina. En última instancia, comprender estas interacciones permitirá avanzar hacia un enfoque más personalizado de la atención de la fertilidad en el futuro», ha afirmado el profesor O’Bryan, quien también es decano de Ciencias.