La testosterona es una hormona clave para la salud masculina. De acuerdo con endocrinología clínica y guías médicas internacionales, sus niveles comienzan a disminuir de forma natural a partir de los 30 años, aunque el estilo de vida puede acelerar este proceso.
Cuando desciende por debajo de rangos saludables, el impacto no es solo sexual: afecta metabolismo, estado de ánimo, fuerza física y salud mental. Reconocer los síntomas y actuar temprano es fundamental.
Disminución del deseo sexual
Uno de los signos más comunes es la reducción de la libido. La testosterona regula el interés sexual y su baja sostenida afecta la frecuencia y calidad del deseo, incluso en hombres jóvenes.
Fatiga constante y falta de energía
Niveles bajos provocan cansancio persistente, menor motivación y sensación de agotamiento. No se trata solo de sueño, sino de una menor eficiencia metabólica general.
Pérdida de masa muscular
La testosterona estimula la síntesis muscular. Cuando baja, el cuerpo pierde músculo con mayor facilidad, incluso si se mantiene el ejercicio habitual.
Aumento de grasa corporal
Especialmente en abdomen. La hormona influye en la distribución de grasa y su déficit favorece acumulación grasa y resistencia a la insulina.
Cambios en el estado de ánimo
Irritabilidad, apatía, tristeza o baja autoestima pueden aparecer. La testosterona tiene relación directa con la regulación emocional y la sensación de bienestar.
Dificultades de concentración
La llamada “niebla mental” es frecuente. Se presenta como menor claridad, problemas de memoria y dificultad para mantener la atención.
Alteraciones del sueño
La testosterona baja puede afectar la calidad del descanso. Dormir mal, a su vez, reduce aún más la producción hormonal, creando un círculo negativo.
Impacto en la salud ósea
Con el tiempo, niveles bajos aumentan el riesgo de pérdida de densidad ósea. Esto eleva la probabilidad de lesiones y fracturas en edades posteriores.
Qué hacer para mejorar los niveles
Dormir bien, reducir estrés, entrenar fuerza, mantener un peso saludable y consumir grasas buenas son medidas clave. En casos clínicos, la evaluación médica es indispensable antes de cualquier tratamiento hormonal.