El aumento de la esperanza de vida hace que cada vez más personas mayores de 80 años necesiten tratamiento por enfermedad renal crónica avanzada (ERCA). Dos estudios presentados en el 55º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología han aportado nuevos datos interesantes sobre la supervivencia y el impacto clínico de distintas opciones de tratamiento en este grupo de edad, donde la toma de decisiones suele ser compleja.
Diálisis frente a tratamiento conservador
El primero de los estudios, realizado en 11 hospitales españoles con casi 500 pacientes octogenarios, comparó la evolución de quienes iniciaron diálisis frente a quienes optaron por un tratamiento conservador (tratamiento sin diálisis, dirigido a controlar los síntomas y ajustar la dieta y la medicación para mejorar la calidad de vida). En él, los pacientes en diálisis tuvieron una supervivencia global mayor que los tratados de manera conservadora. En concreto, en los pacientes en diálisis el riesgo de muerte fue un 46% menor. Sin embargo, en los pacientes que murieron en menos de 1 año ya no hubo diferencia entre diálisis y tratamiento conservador: la elección de una u otra opción no influyó en la mortalidad. El número de hospitalizaciones fue similar en ambos grupos, aunque los pacientes en diálisis acudieron con más frecuencia a urgencias.
Hemodiálisis frente a diálisis peritoneal
El segundo estudio, realizado por nefrólogos del Hospital Universitario Vall de Hebron de Barcelona, basado en el registro catalán de más de 4.200 pacientes mayores de 80 años, comparó las dos principales modalidades de diálisis: la hemodiálisis (HD) y la diálisis peritoneal (DP). En este estudio, a los 5 años, la supervivencia fue superior con hemodiálisis (30,3%) frente a diálisis peritoneal (18,2%), si bien en los pacientes que comenzaron con diálisis peritoneal y luego pasaron a hemodiálisis, la supervivencia fue mayor (36,2%). La conversión de DP a HD ocurre con frecuencia por infecciones peritoneales o fallos técnicos.
Las principales causas de fallecimiento de los pacientes fueron las enfermedades cardiovasculares y las infecciones, aunque factores sociales como la fragilidad también tuvieron un peso relevante. Los autores subrayan, en sus conclusiones, que la decisión debe individualizarse, teniendo en cuenta no solo la supervivencia, sino también la calidad de vida, la autonomía funcional y el riesgo de complicaciones o infecciones.
Estas investigaciones se dieron a conocer recientemente en el 55º Congreso de la Sociedad Española de Nefrología (S.E.N.), el mayor encuentro sobre la especialidad en nuestro país que reunió en Oviedo a cerca de 1.500 nefrólogos y expertos nacionales e internacionales para debatir sobre el abordaje de las patologías renales, en especial de la ERC, y analizar los últimos avances y retos para mejorar la prevención, el diagnóstico y el tratamiento de la enfermedad y la calidad de vida de los pacientes.