¿Molestias al orinar? Especialista detalla las señales más comunes del cáncer de próstata

El cáncer de próstata se mantiene entre los padecimientos oncológicos más frecuentes en hombres, con una incidencia que aumenta de forma significativa a partir de los 60 años. Aunque en muchos casos puede avanzar sin manifestaciones claras en etapas tempranas, existen síntomas que, de presentarse, requieren atención médica oportuna.

El Dr. Pedro C. Barata, especialista e investigador en oncología del Centro Oncológico Seidman, en Estados Unidos, explicó  cuáles son las señales iniciales del cáncer de próstata, cómo varían según la etapa de la enfermedad y qué implicaciones tienen para la expectativa y la calidad de vida de los pacientes.

El experto, dedicado al desarrollo de nuevas estrategias terapéuticas para el cáncer de próstata, subraya que reconocer los síntomas es clave para realizar estudios diagnósticos a tiempo y acceder a los tratamientos disponibles.

Síntomas iniciales: cuando el cáncer está en la próstata

De acuerdo con el Dr. Barata, los síntomas del cáncer de próstata dependen en gran medida de la localización de la enfermedad. Cuando el tumor permanece confinado a la glándula prostática, suelen aparecer manifestaciones locales conocidas como LUTS (lower urinary tract symptoms, por sus siglas en inglés).

Entre los signos más comunes se encuentran molestias o sensación de peso en la zona pélvica, así como cambios en la forma de orinar. Estos incluyen aumento en la frecuencia urinaria durante el día o la noche, dificultad para mantener un chorro continuo, necesidad urgente de ir al baño y episodios de nocturia, es decir, levantarse varias veces a orinar durante la noche. En algunos casos, también puede presentarse sangre en la orina de manera intermitente.

Cuando la enfermedad se disemina

Si el cáncer de próstata se extiende más allá de la glándula, los síntomas cambian según el sitio afectado. El hueso es el lugar más frecuente de metástasis y, en estos casos, el dolor suele ser la manifestación predominante.

El especialista explica que esta lógica aplica a otras áreas del cuerpo. Por ejemplo, cuando el cáncer alcanza los ganglios linfáticos, estos pueden aumentar de tamaño y comprimir estructuras cercanas, lo que en determinadas circunstancias puede derivar en complicaciones como insuficiencia renal.

Además de los síntomas localizados, algunos pacientes pueden experimentar manifestaciones generales como cansancio persistente, disminución del apetito o pérdida de peso involuntaria.

El Dr. Barata advierte que el cáncer de próstata puede ser asintomático en ciertas etapas, por lo que la presencia de cualquiera de estas señales debe motivar una valoración médica especializada.

Expectativa de vida: qué dicen las cifras

La esperanza de vida en pacientes con cáncer de próstata está estrechamente relacionada con el estadio de la enfermedad y los tratamientos recibidos. Según el oncólogo, aunque las estadísticas ofrecen estimaciones basadas en grandes grupos de pacientes, la evolución individual siempre es distinta.

En términos generales, los casos diagnosticados en etapas localizadas o localmente avanzadas —etapas 1 a 3— presentan altas tasas de curación o control a largo plazo de la enfermedad. En contraste, en la etapa 4, las cifras indican una supervivencia aproximada del 35 % a cinco años.

No obstante, el Dr. Barata aclara que es un error asumir que un diagnóstico en etapa avanzada implica una evolución rápida e inevitablemente fatal. Los tratamientos actuales permiten controlar el cáncer de próstata avanzado y mantener una buena calidad de vida durante varios años.

Calidad de vida y decisiones terapéuticas

La calidad de vida es un factor central en el manejo del cáncer de próstata y depende tanto de la fase de la enfermedad como de las intervenciones elegidas. El especialista señala que, en pacientes sin síntomas, cualquier tratamiento puede generar un impacto inicial negativo debido a sus efectos secundarios.

En cambio, cuando la enfermedad ya provoca molestias, algunos tratamientos pueden aliviar los síntomas, mientras que otros buscan preservarla. Terapias más intensivas, como la quimioterapia, pueden disminuir temporalmente la calidad de vida, pero ofrecen un mejor control de la enfermedad a largo plazo.

Para casos de bajo riesgo, la vigilancia activa suele ser una alternativa viable, ya que evita los efectos secundarios asociados con la cirugía o la radioterapia. En todos los escenarios, enfatiza el Dr. Barata, las decisiones deben ser individualizadas y tomadas con información clara sobre beneficios y posibles efectos.

Finalmente, el especialista resalta que hoy existen tratamientos eficaces que permiten vivir más tiempo y con buena calidad de vida, siempre que los pacientes cuenten con orientación adecuada y seguimiento médico oportuno.

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