La mayor parte de los tratamientos del cáncer de próstata producen efectos secundarios o secuelas en la salud sexual, tal y como apuntan los especialistas en urología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz, de Madrid. Los tres principales pilares terapéuticos frente a este tipo de tumores, la cirugía, la radioterapia y la terapia hormonal, pueden producir diferentes problemas.
La extirpación total de la próstata (prostatectomía radical) provoca con frecuencia disfunción eréctil o impotencia porque alrededor de la próstata y pegadas a ella se encuentran unas estructuras llamadas bandeletas neurovasculares, que transmiten al pene la señal nerviosa de la erección. “Al extraer la próstata durante la cirugía, estos nervios se suelen dañar”, apuntan desde el hospital madrileño. “En ocasiones, si el tumor se encuentra extendido cerca de ellas o se encuentran muy adheridas a la próstata, hay que quitarlas para asegurar una buena curación de la enfermedad”, prosigue. Esto produce “alteraciones en la señal nerviosa que lleva a la erección del pene”, y, además, “a través de un mecanismo complejo” puede producir una fibrosis (cicatrización microscópica) en su interior.
El hecho de que estas complicaciones sexuales derivadas de la cirugía del cáncer de próstata sean frecuentes no significa que haya que resignarse a ellas. De hecho, se ha comprobado que algunas técnicas quirúrgicas reducen notablemente el riesgo de disfunción eréctil.
Menor riesgo de disfunción eréctil
Una nueva técnica para mejorar la precisión de la cirugía del cáncer de próstata permite que, en comparación con quienes se someten a la operación estándar, casi el doble de los hombres preserven su función eréctil. Así lo revelan los resultados de un ensayo clínico presentado en el Congreso de la Asociación Europea de Urología (EAU), celebrado en Madrid, y publicado en la revista médica The Lancet Oncology.
El ensayo evaluó la eficacia de la técnica NeuroSAFE, desarrollada para preservar los nervios que recorren las capas externas de la próstata al extirpar este órgano. Puesto que se trata de minimizar el riesgo de disfunción eréctil sin comprometer la eficacia de la cirugía frente al cáncer, este método incluye una prueba adicional para garantizar la eliminación de todas las células cancerosas.
Tal y como apuntan los investigadores responsables del ensayo clínico, la preservación de los nervios responsables de la erección ha mejorado significativamente en los últimos años gracias a la cirugía robótica. Con ella, el cirujano puede conservar las capas más externas de la próstata, donde se encuentran los nervios responsables de la erección, en un proceso conocido como preservación de nervios.
Sin embargo, en la cirugía estándar puede resultar difícil determinar si conservar estas capas externas conlleva el riesgo de dejar algunas células cancerosas. En muchos casos, especialmente cuando el tumor está más avanzado, los cirujanos son precavidos y evitan la preservación nerviosa para asegurar la extirpación completa del cáncer del paciente, que al fin y al cabo es lo más importante de cara a la supervivencia. NeuroSAFE les permite comprobar, mientras se lleva a cabo la intervención, si es necesario extraer más tejido o no.
Quienes pueden beneficiarse de la nueva técnica
“Nuestros resultados demuestran que, mediante el uso de NeuroSAFE, casi el doble de hombres evitan la pérdida de la función eréctil tras una cirugía de próstata. Es un procedimiento complejo que requiere experiencia, pero no es caro, sobre todo considerando los beneficios que ofrece a los pacientes, y, lo más importante, no compromete el control del cáncer”, ha declarado el director del ensayo, Greg Shaw, urólogo del University College de Londres.
Los autores del estudio advierten que el método NeuroSAFE no sería apropiado para todos los afectados de cáncer de próstata, ya que muchos pueden someterse de forma segura a una cirugía de preservación nerviosa mediante técnicas robóticas estándar. Sin embargo, a los pacientes más jóvenes y a aquellos que por diversos motivos no son considerados aptos para una cirugía de preservación nerviosa les ofrece una mayor posibilidad de mantener su calidad de vida, especialmente en la esfera sexual.
Terapia focal para reducir riesgo de impotencia
Se han producido otros avances en la reducción del riesgo de impotencia. Con la cirugía abierta tradicional para el cáncer de próstata, la tasa de disfunción eréctil supera el 80-90%, un porcentaje que se reduce hasta el 40-60% con la utilización de la laparoscopia. En opinión de Carlos Núñez, jefe del Servicio de Urología de MD Anderson Cancer Center Madrid-Hospiten, estas cifras son excesivamente altas, sobre todo en los pacientes más jóvenes (de unos 60 años de media) a los que se les diagnostica un tumor localizado, bien delimitado (que afecta solo a uno o, a veces, a dos cuadrantes contiguos) y poco agresivo. En estos casos, Núñez recomienda la terapia focal, una técnica que consiste en la destrucción solo de la parte de la próstata afectada a través de distintas fuentes de energía.
Esta opción quirúrgica puede ser aplicada utilizando diferentes modalidades destructivas, como el HIFU, criocirugía, terapia fotodinámica, braquiterapia de baja y alta tasa, radiofrecuencia, láseres térmicos o electroporación irreversible.
La terapia focal ha logrado que más del 90-95% de los pacientes pueda mantener una erección tras la extirpación del tumor. Con estas cifras, Núñez habla de la posibilidad de operar incluso tumores que podrían manejarse, en un principio, a través de una vigilancia activa.